Mayo 2015

DELFINA ESTRADA Y NICOLÁS OYUELA
Viento arremolina nuestras plegarias

 

Agarrarse no basta
para soportar la tempestad, ahí
empuja otra cosa: el fervor
tras el susto, el valor del miedo.

Como fuerza virgen, como rapto
divino: hay algo que truena
desde adentro, y reconcilia
al mundo con sus secretos.

Prometerlo todo, aun
cuando no queda nada, y confiar
en la magia que se escurre
de un elemento a otro, en ebullición.

Soplo poseído: será Poseidón
incidiendo, hasta que alguien conceda
lo que no concedía, hasta dragar
el fondo, hasta golpear los diques.

Viento, arremolina nuestras plegarias
aunque se pierdan entre los grises
de la marea, aunque no se oiga 
nada: oración que se arroja y no vuelve.


Santiago Delucchi