Marzo 2013

Inauguración de RUBY Galería

LUCIANA RONDOLINI
Tomorrow is Just a Song Away


 

Los Creyentes

Hordas de jóvenes se abalanzan por las calles de una ciudad, la policía las rodea, pero las jóvenes logran abrirse paso enérgicamente. El alcalde se esconde detrás de un árbol y declara estado de emergencia. Los medios anuncian más de 50 heridos. No es una manifestación en contra de los recortes al sistema educativo, son las fans noruegas de Justin Bieber que atraviesan Oslo tratando de encontrarlo. Dicen que es amor.
Es el amor de la tween que todas las noches mira fijamente el poster de su ídolo, lo contempla durante horas y lo besa tiernamente. Que debajo de su cama tiene una caja llena de revistas y entradas de shows, y que en su diario íntimo guarda su tesoro más preciado: el autógrafo (o en su versión moderna, el tweet), un pedacito de ídolo sólo para ella. Es el amor no correspondido por excelencia, pre-fabricado y empaquetado. Todos sabemos que este tipo de amor indefectiblemente se convierte en fetiche, en deseo ardiente de posesión, trastocando para siempre toda noción racional de cariño y mercancía. La imposibilidad irreparable de poseer el objeto sólo acentúa este deseo, el ídolo es idealizado ad infinitum, cubierto con un manto de perfección y venerado piadosamente. 
Pero también sabemos que cuando los ídolos envejecen y empiezan a perder su belleza juvenil, su brillo se desgasta y los posters son lentamente reemplazados por rostros más frescos. No dejamos de quererlos, pero ya no los deseamos, sólo conservamos la imagen prístina de sus años de lozanía en algún rincón de nuestra memoria. El paso del tiempo y la decadencia son inevitables para todos. La única salida posible es congelar al ídolo, cubrirlo de incorruptibles piedras preciosas y conservarlo impoluto para la posteridad. 
Justin recientemente cumplió 19 años, está exhausto, antes revoleaba el flequillo, ahora se saca mucho la remera. También insulta a los paparazzis en la calle, llega tarde a los shows y para el horror de algunos de sus fans se rumorea que el pop star fuma marihuana. Pareciera que Justin se convirtió, finalmente, en el adolescente millonario que es, y no hay campaña de prensa o managers que puedan detenerlo. Sus fans lo siguen adorando devotamente, lo defienden ante la prensa y lo alientan por twitter cuando se desmaya en el escenario. Pero tal vez su estrella se está empezando a apagar, tal vez el adolescente ya no quiere cantarle canciones de amor a desconsoladas niñas de 12 años. Tal vez la utopía pop del vecinito de al lado que tocaba la guitarra en la calle, el de los videítos de youtube que rompe corazones de a miles por segundo está llegando a su ocaso.
Por eso, estos dibujos son para ustedes, los fans, para que no se olviden de sus ídolos, para que no los dejen morir, para que los conserven en sus corazones en todo su esplendor y magnitud, con toda su vitalidad, brillantes e inalcanzables por siempre. 
De Luciana Rondolini con amor. Para los Beliebers, los Little Monsters, los Directioners, los Smilers, los Lovatics, los Selenators, para los fans de Britney y de Rihanna, de Madonna y hasta los fans de Michael Jackson. Porque todos en algún momento de nuestra vida fuimos fans.

Sofía Dourron