Marzo 2015

MAXIMILIANO SANS
Norte en el opuesto

Curaduría: Ornela Tarzia

 

 

Norte en el opuesto

Expresar lo que me genera una obra de arte es como intentar narrar un sueño. El sueño tiene su propia percepción, allí conviven elementos de la vigilia con cosas particulares y exclusivas de lo onírico. Se trata de una forma de conocimiento al cual mi consciencia no tiene un acceso directo. El proceso interno para lograr la abstracción del pensamiento manifestarse en lo concreto, es como un vacío, como la nada, algo que no puedo explicar y que es parte intrínseca de la naturaleza del hacer creativo.

El pasaje oral de la sucesión de imágenes que constituyen el sueño puede anularlo por completo y darle descripción a algo que es de otra naturaleza. Puedo intentar que cada palabra sea la expresión de mi sueño para aproximarme a cómo mi sueño fue. En este caso, el mismo se repliega como multiplicándose, apareciendo en una realidad que no es la del mundo de los sueños. Si la construcción del sueño no fuese oral sino una manifestación semejante a aquello que soñé, este resultado como un espejo, replicaría aquello que pertenece al mundo de los sueños. Entre dicha manifestación y mi sueño se establece un límite, que no se puede traspasar como una pared de plomo que aísla del sonido y la vibración. Puedo repujarla, grabarla, golpearla, con herramientas incisivas, de fuerza, de impacto, como un bisturí o una masa y aun así no la traspasare.

El plomo, es además de aislante, autoregenerativo por oxidación. Al querer dañar la pared para atravesarla esta vuelve a constituirse. Quedando un límite que no puede atravesarse y que establece la inaccesibilidad al mundo interior donde ocurren los sueños y a su inversa, impide que los sueños puedan manifestarse en la vigilia. Ese límite es entre lo conocido y lo que esta mas allá.

Este espejo en el que mi sueño toma la forma de la realidad despierta, refleja mi interior. El sueño se vuelve una realidad transpolada a la cual en estado de consciencia puedo adjudicarle sentido.

Como cuando intento narrar un sueño, ante la obra de Maximiliano Sans, me siento como frente a la manifestación de una dimensión desconocida.

Texto y curaduría Ornela Tarzia