marzo 2016

JULIÁN GATTO
Afuentro

 

 

Los afuentristas.

Empezar — lo que se dice empezar— todavía no empezaron. No, miento: si, en realidad si. Empezaron por el final. 

Venían de alta mar. Los perseguía una nube de papeles y porquería q estaban usando para construir el barco mientras se deshacía. Mientras se hundían el agua turbia (ya por las rodillas) reflejaba partes de sus cuerpos de formas que nunca habían visto. Hablaban de música, átomos o impresoras 4D y se contaban chistes — para ellos era casi lo mismo. Y se preguntaban las cosas mas obvias (las mas importantes): ¿Por qué desarmar lo q costó tanto construir? ¿Por qué algunos adentro, otros afuera? ¿Y eso? ¿Qué es eso, me lo pasás?

Lo q pasó después muy bien no se sabe. ‘Fue una rama’ dice uno. ‘Fue un holograma’ dice el otro. ‘Fue todo lo q veníamos guardando y nos rebalsó por todas partes’, dice aquella. Lo que pasó muy bien no se sabe. Según parece encontraron formas de tener muchos brazos (mouse, guia-T, telefono, pancarta, tijera, sudoku, etc) y vivir en muchos tiempos sin tener q decidirse por ninguno. Podían mirar a la autoridad a los ojos y faltarle el respeto sin que se diera cuenta. Se contaban cosas através de otros y por esa razón eran insufribles. ‘Surfeábamos medianeras y dibujábamos boquetes’ se acuerda nóstalgica la última que queda. Terminaron por el principio.

Eran unos visionarios. Eran unos mamotretos. Eran unos genios. Eran unos nabos.